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ARTESANÍA
D. Sebastián de Miñano y Dedoya nos
cuenta que en 1829 había en Guardo veintidós familias dedicadas a
los cacharros y Pascual Madoz documentaba cincuenta familias
dedicadas a la fabricación de vidriados en 1850. Debió ser pues en
el pasado esta una actividad fundamental para la economía local. Se
trataba sin duda de una alfarería de producción de piezas de tipo
popular destinadas al uso doméstico: ollas, pucheros, jarras, etc.
La pieza más representativa de este legado es la popular "jarra de
trampa".
Esa tradición artesana del barro ha
tenido continuidad en una nueva hornada de jóvenes artesanos,
formados en el taller de los últimos alfareros locales: Domicio
Monge y Tomás de Prado, ambos ya fallecidos. Las nuevas generaciones
tienen una producción más artística, acorde con los nuevos gustos
del mercado.
 Tres piezas de Artesania
Popular
Entre los alfareros actuales hay que
destacar a Teo Calvo y Aquilino Fernández "Chacón" como pioneros en
la recuperación de la alfarería en Guardo y que ha conseguido un
cierto renombre gracias a la calidad de sus piezas. En sus talleres
se han ido formando otros jóvenes alfareros.
Otras artesanías como la madera o la
forja también tienen representación en Guardo. La Cooperativa TAO
que hace instrumentos musicales tradicionales. En forja destacan los
talleres de Percar y Alforja, que hace una original mezcla de
cerámica y forja.
GASTRONOMÍA
Dos cosas caracterizan a la gastronomía
de la comarca de Guardo, en primer lugar los rigores de un clima
frío y duro que han condicionado una cocina fuerte y condimentada, y
en segundo lugar, la disponibilidad de unas materias primas de
excelente calidad.
La cocina tradicional está basada
fundamentalmente en los productos de la matanza del cerdo, cebado
durante todo el año a partir de productos locales y naturales:
bellotas y hojas de roble, patatas, etc. Del cerdo, como se sabe, se
aprovecha todo para realizar la infinita variedad de recetas locales
de preparados y embutidos cuyas fórmulas aún se conservan en cada
familia: jamones y perniles, morcillas, chorizos, lomos adobados,
etc.
La combinación de los productos de la
matanza del cerdo con las legumbres, patatas y otros productos de la
huerta fueron, y aún son en la mayoría de los casos, la base de la
alimentación popular. El contundente cocido montañés se puede
degustar algún día de la semana en la mayoría de nuestros
restaurantes. Existe en Guardo una variedad típica que ha quedado
como herencia de la influencia del ferrocarril, se trata del "cocido
ferroviario" que se cocina en un pote de carbón.
En los pastos soleados de nuestras
montañas se crían vacas y ovejas que nos proporcionan las reputadas
carnes de ternera y cordero de la Montaña Palentina. No podemos
dejar de mencionar las carnes proporcionadas por las especies
cinegéticas –jabalí, venado, corzo, liebre y perdiz- base de
numerosas recetas. En temporada es posible degustarlas en algunos
restaurantes.
En nuestros ríos y arroyos de montaña se
pesca en primavera y verano la finísima trucha común. La forma más
común de degustarla es friéndola en aceite de oliva con unos
torreznos. Abundantes en la comarca y cada vez más apreciadas y
buscadas, las setas se han ido haciendo un hueco entre nuestras
ollas. Apreciadas desde siempre son la senderina o rojilla, la banca
de primavera y los hongos o champiñones
silvestres.
 Como influencia de
la Cañada Real que pasa por Guardo, han quedado algunas recetas como
la chanfaina y la caldereta o guiso del pastor, a base de carne de
oveja. En algunas confiterías se pueden encontrar
aún algunas especialidades tradicionales como las rosquillas bañadas
y las ciegas, las rosquillas de anís y los sequillos (Foto), de
fuerte personalidad. En Carnaval son típicas
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